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En homenaje a Lucho Diaz Muñoz | 2009

Angelica
Novembre 8 del 2009

 A Lucho Díaz …

En el eje incierto de mi vida, mi vicio es ser

 Si una referencia se hace inexcusable con la vida de Lucho es considerar que asumida la libertad de la que dispone cada ser humano, cual es la de no traicionarse a sí mismo, su existencia constituyó el ejercicio de una práctica  radical e intensa. Movido por un deseo claro e ineludible para su tiempo y condición, no claudicó ante su propio vicio: ser.

Premunido de su Rocinante y junto a un grupo de jóvenes más impetuosos que razonables, más circulares que lineales construyó una experiencia de rebeldía que no se redujo solo a la dimensión política y militante. Más cercano a la palabra acompasada que a la rudeza de las armas y en un contexto donde el plan de persecución y muerte constituía la vocación del otro, surcó en carabela el rumbo de sus convicciones, desplegando velas una tarde calurosa donde inscribió su partitura final y su si bemol desconocido y acuciante. Desembarcó apasionado y decidido: apurado echó a correr tras los volantines degollados en el intento de encontrar sus propias palabras de amor, cuando el horror y los estados de excepción eran el cronograma de él y tantos jóvenes y pobladores de las zonas populares en Santiago de Chile.

Estar al margen o salir indemne de una vivencia política que desde la precariedad convulsionada y urgente se hacia escritura identitaria de toda una generación marcada por las asonadas, constituía una tarea compleja para la cual él no estaba dispuesto por lo que partir era de cierta forma quemar las naves y no saber del regreso. Decidió por ello.

Mirado con distancia y si no fuese por el trabajo que la memoria provee, esa carrera de un sábado y la acción en sí, comprendidas fuera del contexto e ideología que animaba los días de Lucho resultaría un hecho delirante y casi audaz. Sin embargo reconstruir memoria obliga a mirar el arpegio de una obra y de un tiempo personal y colectivo en una dimensión más amplia donde el sujeto se hace parte de la realidad y la construye escribiendo su historia subjetiva, allí donde Lucho redactó su voluntad política contra la injusticia.

No obstante la acción política no fue el único vínculo que construyó con la realidad, fundamentalmente porque poseía otros lenguajes con los cuales elaborar y acercarse a lo que veía y sentía. Otros objetos también poblaron el mundo de Lucho, la creación musical hizo con él y él con ella, una poderosa vía de representación de sí y de su mundo. Su composición formó parte central de su vida y allí significó el amor, la muerte, la guerra y la infancia.

Esta música que se presenta, sus letras y compases inscriben en clave afectiva y sonora su comunicación, la forma privilegiada de recoger hojas de otoño, acariciar sirenas, contar a Mauricio del perro tan fiero y mas o dialogar con Salvador en la soledad estructurada de su cuarto y sus instrumentos musicales.

Ni la violencia del enfrentamiento y la ejecución de esa tarde de diciembre serán la clave para descifrar todos sus signos, su consistencia ética, su trabajo arduo y comprometido consigo mismo y con el mundo que vivió.

Recurrente de la risa, pues curiosamente reía y reíamos,   juntaba inexplicablemente  una moneda sobre otra para adquirir un piano vendiendo cachureos en una feria de Pudahuel mientras  insolentemente  trataba con Marx escuchando  a Wagner y la obra de Violeta, al tiempo que  estudiaba  composición en el Taller 666. Curiosamente y contra toda prescripción él reía y escribía tomos y tomos de una novela apasionada y musical con su guitarra, con una mujer o con la certeza trágica de los tiempos que le correspondió vivir y que participaron de su inscripción como hombre, joven, músico y combatiente, marcando su carácter inquieto y reflexivo.

Con inagotable creatividad y eternas preguntas sobre la condición y oportunidad de amar en tiempos de muerte, ordenaba sus actos de magia a partir del arte y la acción política sin perder la capacidad de retornar al árbol de su infancia. Ni completo ni certero, sólo dudoso y en riesgo, el curso de sus interrogaciones lo encontraba la más de las veces afectado, ensayando en la experiencia de sus heridas el porvenir por medio de una canción, una cita de Roque Dalton o una caminata bajo el frío pobre y feliz. Cabal, preclaro, diciendo todo o no todo, pero a su manera.

Tratando de lidiar con sus propios molinos buscó con pasión respuestas a preguntas que no terminaba de articular y llegó a creer que la muerte le había excluido  aunque de verdad siempre estuvo en su bolsillo cuando decidió sin ambigüedades cubrir en el eje incierto de su vida el final del juego, cual niño vencido, temblando, enfierrado,  y revuelto entregado a la experiencia en el acto político que lo inscribió militante y héroe temprano de la muerte.

“Quiere decir que cuando busque mis propias palabras de amor terminaré vencido por mi inexperiencia por mi necio vicio de correr tras los volantines degollados que buscando un árbol pa’ morir solo hallan cables del alumbrado” (Luis Díaz Texto 16 Quiere Decir)

Estas canciones y su música ha permanecido más allá de la acción política de esos convulsionados años, para que ahora Uds. puedan conocerla. La experiencia de Lucho Díaz sintetiza el tiempo de un colectivo, de un invierno largo y prolífico donde nunca dejo él mismo de escribirse y hacerse con sus fragmentos y fantasmas, con una ética sin arreglos con la fuga o la distancia melancólica ante la realidad, más bien con su ética de consistencia e impulsos. Este trabajo recoge su  obra breve e inconclusa. Contiene la mirada y el afecto de un joven en medio de una ciudad sitiada, muestra el esfuerzo de elaborar sus pertenencias y marcas. Transmite la vivencia de un testigo de sí, de un fragmento de la historia reciente y de un artista en función de su creación.

Angelica
Novembre 8 del 2009

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Muy lejos de ti este prólogo, hacemos el intento de ofrecer a través de  tu música la continuidad a tus sueños e inventar – a través de ella-  el pueblo que hoy falta (G. Deleuze).